Salida de cuarentena
Me enternece
más que nada
en el mundo
la mantita de los bebés
que tocan y afirman,
"me la puso mi mamá,
para que no me resfríe".
Me fascina
la libertad
De las burbujas que danzan
y se elevan
festejando
su efímero nacimiento
en su recipiente.
Me emociona
la pretensión de cáliz sagrado
de las papas fritas
nadando en aceite
en la cocina oxidada
de la abuela olvidada.
Me espanto
con ese odio destilado
que va haciendo metástasis
sobre nuestro cuerpo
cada vez que escucho
una conversación
de dos doñas rosas
en la fila del supermercado.
Me fascina
la mirada de los gatos:
Su distancia
su sabiduría de siglos
Y la poca importancia
que para ellos tienen los humanos.
Su pretensión del ego
me estremece.
Me paraliza
la sensación
de que el ser humano
está en la antesala
de la autodestrucción.
Pero sobretodo
me conmueve
la cuchara que ya acorralada
sigue luchando
por caminar
con medio cuerpo destrozado
La hormiga
que sigue empujando
contra el agua que la arrastra
hacia la alcantarilla
El bicho
que se choca una
y otra vez
contral el farol
La planta
que se estira
hacia el sol
en la soledad.
Será acaso
por empatía
que lo que más me perfora
me identifica
me interpela
es la fuerza sublevada
de cualquier forma de vida
en estado de supervivencia.
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