Día en Punucapa

Como pajarito amanezco con música en mis cuerdas vocales.
Mi voz se funde a lo lejos con el sonido de las montañas,
el sonido de ellas me embriaga.
En el hueco de un árbol, que es tu pecho, armo mi nido.
Para beber rocío.
Desde aquí veo como las semillas sacan cuerpo desde la tierra,
y cuando crecen son flores,
que danzan con sus cuerpos bañando de color mi mundo.
Y por cada pétalo que se les cae,
cae una lagrima que fertiliza mi tierra.

La tarde del verano me peina con sus hojas verdes,
me toman de distintas formas y me llevan hacia ellas.
Y atrapada ahí pienso que son espejismos las ciudades.
Porque aquí la tierra y el cielo se tocan
y no hay adentro,
no hay afuera.

Mis plumas acarician los colores de la calma,
y suspiro viento,
y transpiro ríos,
y florezco amor.

Llega una serena oscuridad donde sólo escucho el canto de los grillos.
A lo lejos, llega el resplandor de las llagas abiertas en la costa.
Y sobre esas olas voy a volar en tus sueños,
con la nueva corriente que traigo.

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